Reuniones docentes tras las instrucciones de septiembre de 2025 en Andalucía

Menos permanencia no puede significar peor coordinación, pero ¿cómo?

La Instrucción de 5 de septiembre de 2025 sobre horarios del profesorado en Andalucía ha cambiado el marco de la permanencia en los centros educativos. La parte no lectiva del horario regular pasa a organizarse, con carácter general, de forma telemática, salvo excepciones como la atención a las familias que lo soliciten o las sesiones oficiales de evaluación.

Sobre el papel, la medida supone un avance razonable: reconoce que no todo el trabajo docente necesita hacerse sentado en una sala del colegio o del instituto. Preparar clases, revisar documentos, coordinar actuaciones, responder correos, completar registros, adaptar materiales o revisar programaciones no siempre requiere presencia física. En muchos casos, incluso se hace mejor con silencio, tiempo y cierta flexibilidad.

Pero hay una cuestión de fondo que no conviene esquivar: se reduce el tiempo de permanencia presencial, pero no se reduce la carga real de trabajo. La burocracia sigue ahí. Las ratios siguen ahí. La diversidad del alumnado sigue creciendo. Y los casos de alumnado censado con NEAE requieren cada vez más seguimiento, más coordinación y más respuestas ajustadas.

Por eso, el debate no debería plantearse como una simple discusión entre reuniones presenciales o telemáticas. La pregunta importante es otra: ¿qué reuniones merecen realmente ocupar tiempo docente?

El problema no es reunirse: el problema es reunirse sin sentido

En los centros educativos hay reuniones necesarias, útiles e incluso imprescindibles. Sin coordinación docente, un centro se convierte en una suma de aulas aisladas. Cada maestro o maestra acaba resolviendo como puede, en su parcela, problemas que en realidad necesitan una mirada compartida.

Ahora bien, también conocemos la otra cara: reuniones que empiezan sin un objetivo claro, que se llenan de asuntos que podrían haberse enviado por correo, que derivan en comentarios dispersos, que repiten información ya conocida y que terminan sin acuerdos concretos.

Cuando eso ocurre, la reunión deja de ser coordinación y se convierte en desgaste.

La sensación de “esto podría haber sido un correo” no nace de la pereza, sino de una mala organización del tiempo. Y el tiempo docente, especialmente en Infantil y Primaria, es un bien escaso. Cada hora que se ocupa en una reunión poco útil es una hora que no se dedica a preparar una intervención, revisar un caso, hablar con una familia, coordinar un apoyo o pensar mejor una propuesta de aula.

La nueva instrucción obliga a ordenar mejor los tiempos

La Instrucción de 5 de septiembre de 2025 establece que, en Infantil, Primaria y centros específicos de Educación Especial, la parte lectiva del horario regular será de 23,5 horas, incluyendo una hora de recreo lectivo. La diferencia entre el horario del alumnado y el horario lectivo del profesorado se considera horario no lectivo, que podrá dedicarse a actividades propias de la permanencia no lectiva.

La novedad importante está en la organización de esa parte no lectiva de obligada permanencia: con carácter general, se realizará de forma telemática, salvo la atención a familias que lo soliciten y las sesiones oficiales de evaluación, que mantienen su carácter presencial.

Esto obliga a los centros a tomar decisiones inteligentes. No basta con trasladar la misma agenda de reuniones a una pantalla. Tampoco basta con sustituir toda coordinación por mensajes sueltos. La clave está en distinguir bien entre tres tipos de tareas:

  • Información: puede enviarse por escrito, con claridad y antelación.
  • Coordinación: requiere intercambio, contraste y acuerdos.
  • Decisión: necesita datos, responsables y seguimiento posterior.

Si confundimos las tres cosas, llenaremos la semana de reuniones innecesarias. Si las separamos bien, podremos proteger el tiempo docente y mejorar la calidad de las decisiones.

Infografía generada con ChatGPT a partir del texto


NEAE, inclusión y realidad de aula: más complejidad con los mismos márgenes

El aumento del alumnado censado con necesidades específicas de apoyo educativo no es una anécdota. Forma parte de la realidad cotidiana de los centros. Que hoy se detecte más y mejor es una buena noticia, porque significa que el sistema empieza a mirar con más precisión a quienes antes podían pasar desapercibidos.

Pero detectar no es atender. Censar no es intervenir. Nombrar una necesidad no garantiza que haya tiempo, plantilla ni recursos suficientes para responder a ella.

En los colegios, esto se traduce en una tensión permanente: más informes, más programas específicos, más reuniones de seguimiento, más coordinación con orientación, más comunicación con familias, más adaptaciones, más registros en Séneca y más necesidad de acompañamiento real al profesorado tutor.

Sin embargo, ese aumento de complejidad no siempre viene acompañado de un incremento suficiente, estable y ajustado a cada centro de maestros y maestras de Pedagogía Terapéutica, Audición y Lenguaje, PTIS u orientadores. Puede haber anuncios globales de refuerzo de plantilla, pero la pregunta que se hace cualquier centro es mucho más concreta: ¿llega ese recurso a mi alumnado, a mi aula, a mi horario y en el momento en que se necesita?

Porque la inclusión no se sostiene solo con buenas intenciones. Se sostiene con tiempo, profesionales, coordinación y condiciones organizativas.

Reuniones de equipos educativos: una oportunidad que no podemos malgastar

Las reuniones de equipos docentes o equipos educativos deberían ser uno de los espacios más valiosos del centro. En ellas se puede detectar a tiempo una dificultad, compartir una estrategia que está funcionando, ajustar criterios comunes, revisar la evolución de un grupo o decidir cómo actuar ante una situación compleja.

Pero para que sean útiles necesitan foco.

No deberían convertirse en un lugar para comentar al alumnado de forma desordenada, revisar anécdotas sin consecuencias o repetir información que ya figura en los documentos. Tampoco deberían ser espacios donde se diluyen responsabilidades. Una buena reunión docente no termina con una sensación vaga de “ya se ha hablado”, sino con una respuesta clara: qué hacemos, quién lo hace, cuándo se revisa y cómo sabremos si ha funcionado.

Una reunión útil cabe en cuatro preguntas

Antes de convocar una reunión, podríamos aplicar un pequeño filtro:

  1. ¿Qué problema o necesidad concreta justifica esta reunión?
  2. ¿Qué información debe llegar leída o preparada previamente?
  3. ¿Qué decisión o acuerdo debe salir de la reunión?
  4. ¿Cómo se hará el seguimiento?

🪲Si no podemos responder a estas cuatro preguntas, quizá no necesitamos una reunión🌱. Quizá necesitamos un correo claro, un documento compartido, una consulta breve o una decisión del órgano correspondiente.

Diagrama generado por ChatGPT a partir del texto


Propuesta práctica para organizar reuniones en los centros

Tipo de asunto Formato más adecuado Producto final
Información general Correo, tablón interno o documento compartido Información recibida y localizable
Organización semanal Mensaje breve o calendario compartido Tareas claras y fechas visibles
Coordinación de ciclo o nivel Reunión breve presencial o telemática Acuerdos metodológicos y reparto de tareas
Seguimiento de alumnado NEAE Reunión reducida con tutoría, orientación y especialistas implicados Medidas concretas, responsables y fecha de revisión
Sesión oficial de evaluación Presencial, según normativa Acta, decisiones y propuestas de mejora
Atención a familias Presencial si la familia lo solicita; también puede ser telemática si hay acuerdo Información compartida y compromisos asumidos

Menos reuniones largas, más acuerdos claros

Una buena cultura de reuniones no se mide por el número de convocatorias, sino por la calidad de los acuerdos. En un centro educativo, coordinarse no debería significar llenar tardes, sino ordenar mejor el trabajo.

Algunas medidas sencillas pueden mejorar mucho la situación:

  • Enviar siempre el orden del día con antelación.
  • Distinguir entre puntos informativos y puntos de decisión.
  • Evitar reuniones sin documentación previa cuando se van a analizar datos.
  • Limitar el número de temas por sesión.
  • Asignar responsables y fechas de seguimiento.
  • Recoger acuerdos en un documento breve y accesible.
  • Revisar en la siguiente reunión si lo acordado se ha cumplido.

La reunión eficaz no es la que dura mucho, sino la que cambia algo.

El papel de los equipos directivos

Los equipos directivos tienen aquí una responsabilidad importante: proteger el tiempo del profesorado. Eso implica convocar menos por inercia y más por necesidad. También supone filtrar, priorizar y evitar que todo termine convirtiéndose en una reunión.

Hay asuntos que necesitan debate colectivo. Otros necesitan una instrucción clara. Otros requieren acompañamiento individual. Y otros, sencillamente, necesitan ser eliminados porque no aportan nada a la mejora del centro.

Dirigir también es saber decir: esto no necesita una reunión.

La coordinación no puede depender del pasillo

Uno de los riesgos de reducir la permanencia presencial es que algunas coordinaciones informales desaparezcan. Muchas decisiones pequeñas se resolvían hasta ahora en un pasillo, en la sala de profesorado, en un recreo o al terminar la jornada.

Pero un sistema educativo serio no puede depender solo de la casualidad del pasillo. Necesita estructuras claras, canales compartidos y tiempos protegidos.

La coordinación entre docentes, especialistas, equipos directivos, orientación, familias y otros agentes educativos es uno de los grandes retos pendientes de la escuela. Y cuanto más compleja es la realidad del alumnado, más necesaria se vuelve esa coordinación.

Por eso, la modalidad telemática puede ser una oportunidad si se utiliza bien. Puede ayudar a documentar acuerdos, facilitar la participación, reducir desplazamientos innecesarios y ordenar mejor la información. Pero también puede empeorar la coordinación si se convierte en una lluvia de mensajes dispersos, documentos que nadie lee o reuniones virtuales sin estructura.

No se trata de estar más: se trata de estar mejor

La escuela andaluza no necesita más reuniones vacías. Necesita más tiempo útil. Más coordinación real. Más recursos especializados. Más claridad organizativa. Más confianza profesional. Y menos burocracia que solo sirve para demostrar que se ha hecho algo, aunque ese algo no mejore la vida del aula.

La Instrucción de septiembre puede abrir una puerta interesante: reconocer que el trabajo docente no se limita a la presencia física en el centro. Pero esa puerta no debe servir para invisibilizar la sobrecarga ni para trasladar al profesorado la misma presión con menos margen de encuentro.

Si la carga burocrática se mantiene, si las ratios no bajan, si aumentan los casos NEAE y si las plantillas de apoyo no crecen de forma suficiente y ajustada a la realidad de cada centro, el problema no será si la reunión es presencial o telemática. El problema será que seguimos pidiendo a los centros que respondan a una complejidad creciente con recursos limitados.

🪲Por eso, quizá el objetivo no debería ser reunirse menos sin más.

🌱El objetivo debería ser reunirse mejor, decidir mejor y cuidar mejor el tiempo de quienes sostienen cada día la escuela.

Referencias para seguir leyendo

Maestro Víctor

Maestro de educación física, con plaza en educación primaria bilingüe. Experiencia como jefe de estudios, coordinador bilingüe y proyectos y formación del profesorado. Coordinador de Radio Escolar Educativa.

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